Con los pies descalzos , una amplia sonrisa, el pelo enredado , sus rasguños y bellas cicatrices en sus delgadas y desnudas piernas, las pupilas rebosantes, las pestañas transparentes, las manos pequeñas y los pómulos anormalmente marcados, con una camiseta de colores se acerca hacia ti. Grita y canta, ríe y baila, salta, salta muy alto, en comañía de una pequeña bola de pelo. Lleva flores en la mano derecha, y en la otra sujeta un palo, que le hace sentirse valiente. Hablando sola, se acerca hacia ti. Mirando donde no puede ver, se acerca hacia ti. Pero está aún demasiado lejos pese a la distancia. Dáte cuenta de que, ella está soñando despierta. En magníficas aventuras, en las que ella es el heróe.
Anda en su bosque, dudando si cruzar la frontera, con su amigo pisando sus talones, y meneando la cola a gran velocidad.
Viene hacia ti, desde su País de Las Maravillas, el lugar donde, paseo tras paseo, ella aprendió a inventar.
Se acerca hacia ti la niña despeinada. Quizá jamás llegue. Quizá llegue hoy. Esa niña, Irene, que hoy, volvió a tener seis años.
Anda en su bosque, dudando si cruzar la frontera, con su amigo pisando sus talones, y meneando la cola a gran velocidad.
Viene hacia ti, desde su País de Las Maravillas, el lugar donde, paseo tras paseo, ella aprendió a inventar.
Se acerca hacia ti la niña despeinada. Quizá jamás llegue. Quizá llegue hoy. Esa niña, Irene, que hoy, volvió a tener seis años.

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